Nuestra necesidad de conexión con la naturaleza está impresa en nuestros genes tras millones de años de evolución. Conectar con espacios verdes y otros seres vivos aporta bienestar físico y psicológico. 

 

El paisaje urbano como lo conocemos es poco viable en términos de salud, bienestar y calidad de vida, por ello es indispensable pensar en un cambio en sus espacios. A esto apunta el movimiento de las ciudades biofílicas, una tendencia ecológica que crece cada día.

 

¿Qué es la biofilia?

La biofilia es una afinidad instintiva que tiene el ser humano con el entorno natural que le rodea. El término está basado en la relación entre los humanos y su medio natural, en el papel de este en el desarrollo psicológico de las personas.

Se ha descubierto que este tipo de conexión, si se lleva al campo laboral, se convierte en una influencia muy positiva para los trabajadores.

 

Estudios que avalan sus beneficios

Invertir en mejorar la calidad de los espacios de trabajo a través de la integración de elementos naturales y sostenibles tiene un retorno real para la compañía en materia de responsabilidad social corporativa: tanto en el trabajo del bienestar del empleado como en el compromiso social que se adquiere con el entorno: lucha contra el cambio climático, entre otros.

Diversos estudios así lo certifican como el Human Spaces de Interface. Este informe, dirigido por el Profesor Sir Cary Cooper de la Organisational Psychologist, habla sobre el impacto global de la biofília en el lugar de trabajo y se enmarca en el proyecto Human Spaces.

El estudio desvela los impactos positivos y los beneficios que conllevan la presencia y la simulación de elementos naturales en los espacios de trabajo. Los datos establecen una relación directa entre la presencia de la naturaleza y la satisfacción y el bienestar de los empleados.

 

Cuestión de neurotransmisores

Nuestro cerebro funciona de dos maneras: eléctricamente (a través de las ondas cerebrales y descargas eléctricas) y químicamente (a través de la segregación de neurotransmisores).

Cuando estamos en contacto con la naturaleza, nuestro cerebro segrega ciertas sustancias químicas, responsables de la sensación de relajación… la serotonina.

La serotonina regula el estado de ánimo, promueve el comportamiento social, regula el apetito, la digestión, el sueño,… Aunque se ha asociado el déficit de este neurotransmisor a la depresión, la realidad es que no queda clara la relación de causalidad entre menores niveles de serotonina y depresión.

 

El impulso de las ciudades biofílicas

Frente a la desconexión natural que implica vivir en la ciudad, los sistemas de naturación urbana son una excelente solución. Impulsada por los ciudadanos que desean disfrutar de los beneficios de estar en contacto con la naturaleza y ejercer su derecho de vivir en un espacio saludable, las políticas públicas están evolucionando con un sentido más ecológico, para responder a los intereses de la sociedad.

 

La finalidad es contar con “ciudades verdes” donde se incorporen mayores superficies de elementos naturales en los diseños de los espacios, tanto públicos como privados. Esto tiene como consecuencia directa numerosos beneficios para la salud y la calidad de vida de sus habitantes, como ya hemos comentado.

 

 

(Proyecto: M&S // Scotscape)